domingo, 2 de agosto de 2015
LA PERSECUCIÓN DE LOS ROHINGYAS EN MYAMNAR
Sin estado, sin protección y desconocidos pese a ser considerados la minoría más perseguida del mundo. La comunidad rohingya, cuya historia se remonta a principios del siglo VII, cuando los comerciantes árabes musulmanes se asentaron en la zona, son objeto de una "discriminación permanente y sistemática" -en palabras de la ONU- y de "atrocidades" -según la ONG Human Rights Watch (HRW)-, a manos de las fuerzas birmanas.
Unos 800.000 rohingyas viven en Myamnar, la mayoría en el estado de Rakhine (antigua Arakan), al oeste. Sin embargo, desde 1992 las autoridades no los reconocen como ciudadanos. Las políticas de exclusión sistemática impuesta por los sucesivos gobiernos durante las últimas décadas en Birmania han originado los dos éxodos masivos de refugiados hacia Bangladesh: en 1978 y entre 1991 y 1992 -huyendo de la "limpieza étnica", tal como lo califica HRW.
"En realidad, los rohingya no son gente de Birmania, no son del mismo grupo étnico. Su tez es marrón oscuro y nuestro cutis es suave, somos guapos también. Ellos son feos como ogros", estas declaraciones que salieron de la boca de un un alto diplomático birmano asentado en Hong Kong en febrero de 2009 dan una pista sobre la situación.
Los rohingya deben pedir permiso a las autoridades birmanas para contraer matrimonio... y firmar que no tendrán más de dos hijos. Acostarse con una mujer fuera del matrimonio les puede suponer penas de hasta 10 años de prisión. Muchas mujeres que se quedan embarazadas optan por practicarse abortos -ilegales en el país- elevando la tasa de mortalidad maternal. Y muchas parejas que no consiguen el permiso oficial para casarse tratan de salir de Birmania.
Tampoco tienen derecho a viajar, viven confinados en sus pueblos e incluso deben pedir permiso para ir a la villa vecina. En febrero de 2001, Sittwe, la capital del Estado, fue declarada como "zona fuera de su alcance", el barrio musulmán de Aung Mingalar es un auténtico gueto.
Los permisos fronterizos sólo se emiten con objetivos comerciales y, a veces, para recibir tratamiento médico en Bangladesh. Pero si las autoridades detectan que han estado fuera más tiempo del permitido se les impide regresar a casa.
La mayoría sufre de desnutrición crónica, lo que afecta a su desarrollo mental y físico y les hace más vulnerables a enfermedades. Menos de 60% de los chicos y del 50% de las chicas tienen unas medidas consideradas "normales".
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